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El TDAH recibe ayuda
Soy padre de tres niños, el mediano, de ocho años, diagnosticado de TDAH y dislexia. He escuchado atentamente la entrevista a la consellera de Ensenyament, Irene Rigau, efectuada por el periodista Josep Cuní en el programa Els matins. Se han dicho frases como “la Administración está influida por el pensamiento y las corrientes de algunos psicólogos y pedagogos, y hay tendencias que argumentan que el alumno no se ha de esforzar demasiado porque lo podríamos frustrar y debemos esperar que madure de forma natural. Esto perjudica a las clases más desfavorecidas”. Hoy escribo esta carta para dar las gracias al Departament d’Ensenyament de la Generalitat porque por fin alguien ha podido dar respuesta a mi petición. Este es sólo el principio, pero con la sexta hora de refuerzo a los grupos con más dificultad se pone la primera piedra para intentar solucionar una de las causas del fracaso escolar en nuestro país. Asimismo, quiero agradecer el esfuerzo a los profesores que trabajan con estos niños. VICENTE SORRIBES Barcelona
- 23 jun 2011
- La Vanguardia
Selectividad con faltas de ortografía
El primer tribunal para alumnos con dislexia marca el inicio de la prueba
Maria Rivalta se remueve en su pupitre y lee la primera pregunta del primer examen de la primera de las tres jornadas de selectividad que ayer empezó en Cataluña. Lo relee. Vuelve a repasarlo. Y cinco minutos después alza la mano para aclarar el significado de la pregunta junto a uno de los profesores del primer tribunal catalán para alumnos con dislexia, instalado en la facultad de Filología de la Universidad de Barcelona (UB). “Es que nosotros percibimos la realidad de otra forma, nos cuesta asimilar los textos, escribir bien… en un dictado de 10 líneas puedo hacer 20 faltas de ortografía”, se justifica después Maria, barcelonesa de 18 años que quiere estudiar Educación Infantil en la Universidad Autónoma de Barcelona.
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Para los 133 estudiantes con dislexia que empezaron la selectividad este trastorno se plasma en la reiteración de faltas ortográficas de baja complejidad -la misma falta reiterada en un mismo texto, una tras otra- y la necesidad de invertir más tiempo para comprender un enunciado. “Se intenta compensar estos aspectos ofreciéndoles hasta media hora más para completar el examen; repetimos las preguntas tantas veces como haga falta y contamos con más profesores para estar encima de ellos y echar una mano en cualquier cosa que necesiten”, detalló el presidente del tribunal, Joan Elies. En la corrección, además, las faltas de ortografía restan menos puntos. Y si repiten la misma falta, solo se sanciona una vez. “Es más justo”, admitió Elies.
“No es que seamos más tontos, solo distintos. Por fin en esta selectividad podemos examinarnos en igualdad de condiciones”, agradeció Pau Boncompte tras considerarse afortunado por pertenecer a la primera quinta de estudiantes con dislexia a quienes la Generalitat ha proporcionado una evaluación específica. “Confundo los acentos, las b y las v… Es una suerte que no cuenten las faltas o sacaría un menos dos”, bromeó.
Los exámenes, por otro lado, son idénticos para los 30.000 alumnos que realizarán las pruebas hasta el miércoles. Un fragmento de la novela La bogeria (1899) de Narcís Oller, libro de lectura obligatoria en el curso, y un artículo del semanario Presència de Joan-Lluís Lluís sobre Angel Guimerà y el Premio Nobel de Literatura centraron el examen de Lengua y Literatura Catalanas. En Lengua Castellana, los alumnos afrontaron cuestiones sobre un fragmento de la novela Nada, de Carmen Laforet, que ya centró este mismo examen en 2008; y sobre el artículo El español en la ciencia y la tecnología, de Daniel Martín Mayorga.
N. LUPO / F. BALSELLS - Barcelona - 16/06/2011
Escuela flexible para niños diversos
Más tiempo para realizar los exámenes o hacerlos orales, en el caso de disléxicos, sentarlos en primera fila y trocear en tramos más pequeños los exámenes, en el caso de los que tienen déficit de atención (TDA con o sin hiperactividad) son algunas de las recomendaciones básicas que todas las escuelas deberían tener en cuenta para permitir a sus alumnos aprender como los demás. Así lo dicen en el último informe FARO de Sant Joan de Déu y La Caixa, en el que neurólogos y pedagogos han analizado el peso de esos trastornos y los problemas que causa que no se atiendan adecuadamente.
Si se tiene en cuenta que la prevalencia de la dislexia es de entre el 5 y el 15 por ciento de la población y la del TDA(H) entre el 3 y el 8 por ciento, en cada aula hay dos niños con un trastorno de aprendizaje. “Están perfectamente definidos y no son modas, sino trastornos de origen neurobiológico, a menudo con una base genética, y que interfieren en el aprendizaje”, resume la neuróloga Anna Sans, coordinadora del equipo dedicado a estas dolencias en Sant Joan de Déu y directora de este informe.
“En los 2.000 casos que han venido a consulta porque había sospecha de trastorno, sólo en el 8% no hemos llegado a nada. No encontramos problema. En el 92% restante, sí. Y de ellos el 70% son dislexias, TDA con y sin hiperactividad y combinaciones de ambos”, resume la especialista. Y la escuela es su primer muro. Sin diagnóstico médico, la situación es peliaguda; sin tratamiento, difícil; pero si en la escuela no se le identifica y se adaptan los métodos, para que puedan aprender con sus diferencias, el riesgo de fracaso es enorme. “Por cada cien niños sin problemas que acaban los estudios obligatorios, con un TDAH sin tratar lo hacen 68; y si el 78% accede a estudios superiores, con TDAH, sólo el 21%”.
Lo que piden los autores del informe es que se establezcan protocolos para admitir estos trastornos en la escuela y para que todos sepan cómo actuar a su favor. Esos protocolos no existen de momento y la formación del profesorado apenas incluye resolver estas situaciones –estadísticamente, dos en cada aula–. “Ni entre los maestros, salvo los especialistas en educación especial, ni aún menos entre los de secundaria, aunque ahora mejora un poco con el nuevo máster que suple al antiguo curso de capacitación pedagógica”, resume Enric Roca, profesor de Ciencias de la Educación en la UAB y coautor del informe.
Visto desde las propias escuelas, para ser eficaces necesitarían no sólo protocolos de actuación y más formación de los profesores, sino también una participación más activa y coordinada de los equipos de atención pedagógica y demás servicios que teóricamente trabajan para las escuelas y los alumnos. “Y priorizar los contenidos que se quieren enseñar, y la colaboración real de las familias”, concluye Jordi Cardona, director de la escuela Garbí de Esplugues de Llobregat y también participante en el informe.
ANA MACPHERSON | Barcelona | 15/09/2010 (La Vanguardia)
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