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No es cuestión de cantidad, sino de calidad

Este artículo me ha recordado una anécdota que me contaban hace unos días: un prestigioso diplomático finlandés, al que le preguntaron durante una cena cómo había llegado a ejercer su profesión, contestaba: “Quería ser maestro, pero no logré superar los exámenes de entrada y terminé siendo diplomático.”

Cada día disponemos de más datos concretos y medibles acerca del papel crucial de los factores ambientales en nuestras vidas, más allá incluso de nuestras circunstancias y de nuestra genética. Uno de los elementos claves en los primeros años de vida de las personas es sin duda la figura del profesor, como vuelve a poner de manifiesto este reciente estudio de laUniversidad de Florida, que afirma que una labor docente deficiente debilita una buena disposición genética y cultural del alumno, y al revés.

Claro que la importancia del impacto del entorno en el desarrollo de las personas resulta intuitivamente evidente: de hecho casi todos recordamos, con agradecimiento o con dolor, algún profesor de nuestra infancia que dejó una huella inesperada, para bien o para mal. Pero celebro que estemos empezando a desarrollar formas concretas de medir y de reconocer en su justa medida el impacto incuestionable de la labor del profesor en el aula, no solo en lo académico, sino también en el desarrollo social y emocional del niño.

La labor docente es determinante para la disposición del alumno (imagen: Grupo Punset Producciones).

La aplicación rigurosa de estos conocimientos en la formación y en la labor docente implicará un cambio fundamental y trascendente en la vida de nuestros niños y jóvenes. Será uno de los cambios más esperados y también más necesarios si queremos lograr una sociedad justa, que reconozca y fomente no solo el bienestar físico, sino también la salud social y emocional de sus ciudadanos.

Autor: ELSA PUNSET 14 septiembre 2011

Escuela flexible para niños diversos

El TDAH y la dislexia acaparan gran parte del fracaso escolar y los especialistas piden protocolos para que la enseñanza se adapte.
Aunque desconocen exactamente cuánto fracaso escolar es atribuible a trastornos de aprendizaje que no han sido atendidos adecuadamente en la escuela, un equipo de expertos de Sant Joan de Déu llama la atención sobre esa asociación. Y también sobre lo injusto que es que niños y niñas que se esfuerzan mucho para solventar las dificultades añadidas que tienen por su trastorno no logren una enseñanza que les permita aprender y se vean abocados al fracaso.

Más tiempo para realizar los exámenes o hacerlos orales, en el caso de disléxicos, sentarlos en primera fila y trocear en tramos más pequeños los exámenes, en el caso de los que tienen déficit de atención (TDA con o sin hiperactividad) son algunas de las recomendaciones básicas que todas las escuelas deberían tener en cuenta para permitir a sus alumnos aprender como los demás. Así lo dicen en el último informe FARO de Sant Joan de Déu y La Caixa, en el que neurólogos y pedagogos han analizado el peso de esos trastornos y los problemas que causa que no se atiendan adecuadamente.

Si se tiene en cuenta que la prevalencia de la dislexia es de entre el 5 y el 15 por ciento de la población y la del TDA(H) entre el 3 y el 8 por ciento, en cada aula hay dos niños con un trastorno de aprendizaje. “Están perfectamente definidos y no son modas, sino trastornos de origen neurobiológico, a menudo con una base genética, y que interfieren en el aprendizaje”, resume la neuróloga Anna Sans, coordinadora del equipo dedicado a estas dolencias en Sant Joan de Déu y directora de este informe.

“En los 2.000 casos que han venido a consulta porque había sospecha de trastorno, sólo en el 8% no hemos llegado a nada. No encontramos problema. En el 92% restante, sí. Y de ellos el 70% son dislexias, TDA con y sin hiperactividad y combinaciones de ambos”, resume la especialista. Y la escuela es su primer muro. Sin diagnóstico médico, la situación es peliaguda; sin tratamiento, difícil; pero si en la escuela no se le identifica y se adaptan los métodos, para que puedan aprender con sus diferencias, el riesgo de fracaso es enorme. “Por cada cien niños sin problemas que acaban los estudios obligatorios, con un TDAH sin tratar lo hacen 68; y si el 78% accede a estudios superiores, con TDAH, sólo el 21%”.

Lo que piden los autores del informe es que se establezcan protocolos para admitir estos trastornos en la escuela y para que todos sepan cómo actuar a su favor. Esos protocolos no existen de momento y la formación del profesorado apenas incluye resolver estas situaciones –estadísticamente, dos en cada aula–. “Ni entre los maestros, salvo los especialistas en educación especial, ni aún menos entre los de secundaria, aunque ahora mejora un poco con el nuevo máster que suple al antiguo curso de capacitación pedagógica”, resume Enric Roca, profesor de Ciencias de la Educación en la UAB y coautor del informe.

Visto desde las propias escuelas, para ser eficaces necesitarían no sólo protocolos de actuación y más formación de los profesores, sino también una participación más activa y coordinada de los equipos de atención pedagógica y demás servicios que teóricamente trabajan para las escuelas y los alumnos. “Y priorizar los contenidos que se quieren enseñar, y la colaboración real de las familias”, concluye Jordi Cardona, director de la escuela Garbí de Esplugues de Llobregat y también participante en el informe.

ANA MACPHERSON | Barcelona | 15/09/2010 (La Vanguardia)

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