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Dos de cada tres niños diagnosticados como hiperactivos no padecen la enfermedad (I)

Dos de cada tres niños diagnosticados como hiperactivos no padecen la enfermedad (I)

Marta Matute.-  24/09/2011  (06:00h)

No son todos los que están ni están todos los que son. Desde hace años, las asociaciones de padres con hijos que padecen Hiperactividad y Déficit de Atención (TDAH) denuncian el gran desconocimiento social, y a veces médico, que aún existe en España alrededor de una enfermedad que, a menudo, deja graves secuelas académicas y psicológicas en quienes la sufren, mayoritariamente, niños y adolescentes. El Confidencial ha reunido en la misma mesa a cuatro reconocidos expertos en el tema: el doctor José Luis Pedreira, psiquiatra del Hospital madrileño Niño Jesús, el neuropediatraDaniel Martín Fernández- Mayoralas, especialista del Hospital Universitario Quirón, la pedagoga Isabel Orjales y Teresa Mora, enfermera, madre de hiperactivo y presidenta de la Asociación de Niños con Síndrome de Hiperactividad y Déficit de Atención ANSHDA.

La polémica estuvo servida:

José Luis Pedreira.- El síndrome de hiperactividad y déficit de atención es un síndrome de paradoja… ¿Qué quiero decir? Que hay aproximadamente un 30% de niños que padecen este trastorno que no están diagnosticados, aunque los estudios epidemiológicos los detectan y que, entre los diagnosticados, un 62% no cuentan con un diagnóstico correcto. Dos de cada tres menores, en tratamiento psicológico, y a veces, farmacológico, en realidad no tienen la enfermedad.

Teresa Moras.- Cada vez que un escolar tiene problemas de aprendizaje o de conducta, los profesores piensan que tiene hiperactividad o déficit de atención o las dos cosas; pero un niño que se mueve mucho no tiene por qué ser hiperactivo y si está sufriendo la separación de sus padres no tiene por qué padecer déficit de atención.

J.L.P.- Eso es porque en España diagnostica el TDAH hasta el portero de la esquina.

Isabel Orjales.- El problema, a mi juicio, no es el sobrediagnóstico. Creo que se ha avanzado mucho en el conocimiento de la patología. Lo que puede estar sucediendo es que el dictamen se esté haciendo a edades demasiado tempranas y de manera muy superficial.

T.M. -Los padres llevamos años pidiendo que la evaluación la hagan profesionales cualificados, porque la falta de consenso y de unidad de criterios en este campo es fuente constante de incertidumbre entre las familias. Llegan a ANSHDA y nos comentan: el médico nos ha visto cinco minutos y hemos salido de la consulta con una pastilla… Ahí empieza la duda, y el peregrinaje por un montón de especialistas buscando una segunda opinión, porque cómo voy yo a medicar a mi hijo, y entonces se busca un nuevo juicio. Y muchas veces los pareceres no son coincidentes y crean más incertidumbre.

J.L.P.- Mientras no haya un consenso internacional en otro sentido, hoy por hoy el trastorno por hiperactividad y déficit de atención está en el apartado F de la DSM IV de los trastornos, es decir, debe ser evaluado por un psiquiatra. El apartado que clasifica los trastornos neurológicos es el apartado G.

(Nota de la Redacción: para el diagnóstico del TDAH en niños y adolescentes, se recomienda emplear los criterios diagnósticos del DSM-IV-TR o de la CIE-10. Actualmente, tanto los criterios del DSM-IV-TR como los de la CIE-10 se encuentran en proceso de revisión, pues se están elaborando el DSM-V y la CIE-11).

T.M.- Uno de los grandes problemas que tenemos es precisamente éste, la controversia entre profesionales en el diagnóstico del TDAH. A las familias nos da igual que diagnostique un psiquiatra o un neurólogo, nosotros siempre decimos: el que sepa.

Daniel Martín Fernández-Mayoralas.- Hay muchos psiquiatras que hacen una aproximación clínica muy cercana a la de los neurólogos infantojuveniles, y otros que no…Son escuelas. Y yo creo que lo mejor es evitar las controversias que no van a ninguna parte, y colaborar. Los neurólogos no tratamos el TDAH porque sí, lo tratamos porque se nos ha exigido, y cuando uno lleva una década dedicado a esto, algo sabe, creo yo. Son miles los niños que hemos visto ya.

I.O.- La evaluación debería realizarse con un equipo multidisciplinar partiendo de una valoración médica, psicológica, educativa y social y debe estar al margen de quién tiene o deja de tener cuál o tal competencia.

T.M.-  Eso es lo que llevamos pidiendo las asociaciones desde hace años… Equipos multiprofesionales. La controversia sólo lleva a la confusión, y así los padres llegan a la asociación diciendo: he ido a tal sitio y me han dicho no se qué, pero luego el psicólogo me ha dicho no se cuántos, y el niño se convierte en adolescente y tú, familia, aún no tienes una respuesta clara, y la angustia crece. Y no hay que olvidar que estamos hablando de un trastorno psiquiátrico leve cuyas consecuencias sociales pueden ser muy graves.

J.L.P.- El problema es que muchos especialistas no emplean los llamados criterios de exclusión médica, fundamentales en el diagnóstico de este trastorno. Muchos leen en los manuales los síntomas asociados a hiperactividad y dicen: los cumple, este niño tiene hiperactividad. Sin saber que hay otros muchos problemas psiquiátricos que presentan síntomas concomitantes, y por eso el TDAH está tan mal diagnosticado. A mí me han llegado niños con autismo diagnosticados como TDAH.

T.M.- Es que a veces los padres quieren que sus hijos tengan cualquier cosa menos autismo…

J.L.P.- Por eso lo más importante no es lo que diagnostico, sino lo que quito. Hay actos que parecen patológicos y, sin embargo, están en el límite de la normalidad en determinadas etapas del desarrollo.

D.M.- Pero no hay que olvidar que el TDAH es un trastorno sumamente heterogéneo y que con mucha frecuencia es comórbido con otros trastornos neurológicos y psiquiátricos, como el trastorno bipolar, o fácilmente confundible durante las fases precoces de una esquizofrenia…

J.L.P.- No estoy de acuerdo. Qué es lo que ocurre, que cuando yo diagnostico psicosis a un niño, no es que el niño sea comórbido con hiperactividad, es que el niño psicótico se mueve sin parar, eso es lo que está pasando…

I.O.- Las dificultades para determinar si unos síntomas son secundarios a un trastorno principal o, por el contrario, lo son de un trastorno comórbido son evidentes. Y nos olvidamos de que algunos cuadros no dan la cara hasta tiempo después y que durante los primeros años no encajan en otro diagnóstico reconocible más que el de TDAH. Pero seguimos empeñados en afirmar que trastornos como el bipolar o la hiperactividad son fáciles de diagnosticar, que son excluyentes, que son claros incluso a edades tempranas y en todos los casos.

(Mañana domingo continúa el debate con los detalles del origen de la enfermedad y de sus diferentes diagnósticos)

El TDAH recibe ayuda

Soy padre de tres niños, el mediano, de ocho años, diagnosticado de TDAH y dislexia. He escuchado atentamente la entrevista a la consellera de Ensenyament, Irene Rigau, efectuada por el periodista Josep Cuní en el programa Els matins. Se han dicho frases como “la Administración está influida por el pensamiento y las corrientes de algunos psicólogos y pedagogos, y hay tendencias que argumentan que el alumno no se ha de esforzar demasiado porque lo podríamos frustrar y debemos esperar que madure de forma natural. Esto perjudica a las clases más desfavorecidas”. Hoy escribo esta carta para dar las gracias al Departament d’Ensenyament de la Generalitat porque por fin alguien ha podido dar respuesta a mi petición. Este es sólo el principio, pero con la sexta hora de refuerzo a los grupos con más dificultad se pone la primera piedra para intentar solucionar una de las causas del fracaso escolar en nuestro país. Asimismo, quiero agradecer el esfuerzo a los profesores que trabajan con estos niños. VICENTE SORRIBES Barcelona

  • 23 jun 2011
  • La Vanguardia

Sólo para Déficit Atencionales.No recomendable para personas organizadas, concentradas y satisfechas de este mundo.

Fuente: http://www.memoriza.com/ Dr. Jorge González-Hernández

El Trastorno por Déficit Atencional e Hiperactividad en el Adulto (TDAH) es una constelación de síntomas y signos presentes desde la infancia. Si bien es cierto todos presentamos en mayor o menor grado algunos de estos síntomas, la necesidad de tratamiento tiene que ver con la magnitud en que estos afecten la calidad de vida del sujeto. En ocasiones puede bastar con modificar el ambiente o una reorientación vocacional. Cuando esto no es posible o suficiente, el tratamiento farmacológico puede constituir una importante herramienta.

A continuación paso a describir los síntomas más frecuentes.

Procrastinación: “no deje para hoy lo que puede hacer mañana”

Parto con éste, no por ser el más representativo, sino por ser uno de los de más difícil manejo y generador de bastante angustia y culpa.

La palabra procrastinar viene del latín es decir, dejar las cosas para mañana o para última hora.

Aunque en el TDAH podría asociarse a la dificultad, propia de esta entidad, para priorizar qué es lo importante o urgente y qué es lo secundario o postergable, esto no siempre es así. Muchas veces el procrastinador tiene plena conciencia de estar ejecutando tareas irrelevantes, mientras otras necesarias están siendo postergadas, pero……..no puede evitarlo. De hecho, en este momento yo debería estar haciendo un sinnúmero de otras cosas más urgentes, pero me encuentro escribiendo sobre este apasionante tema y….no puedo evitarlo. Lo otro lo dejaré para mañana o pasado.

Aunque sobre la procrastinación se ha escrito bastante, baste buscar la palabra en Google (por favor, no lo hagan todavía o es posible que se distraigan y no vuelvan a este artículo), no he encontrado alguna información que sea realmente útil, como probablemente tampoco lo será ésta …. pero al menos nos habrá servido para procrastinar un rato.

Para algunos autores la procrastinación es inevitable y todos lo hacemos en algún grado. El punto sería con qué procrastinar. Al menos intentemos hacerlo con algo que pueda ser de alguna utilidad en algún momento, aunque no sea prioritario. Jugar al solitario en el computador no es la mejor idea cuanto tengo que entregar un trabajo mañana. Tampoco lo es leer un libro de historia, pero tal vez éste, al menos, incremente mi cultura.

Los TDAH son seres geniales e inventores por naturaleza. Es característico que esa genialidad aparezca justo en el momento en que tienen otras obligaciones que cumplir. Recomendación: si es útil, hágalo, tal vez mañana la idea genial se haya esfumado. Después de todo, si sólo nos dedicáramos a cumplir con nuestras obligaciones, ¿quién pondría la cuota de originalidad a este mundo? Ser procrastinador no es sinónimo de ser flojo. Puede ser incluso que la actividad con que se está procrastinando sea más compleja y difícil que la postergada.

Incluso puede ocurrir que una misma actividad en algún momento se utilice para procrastinar y en otro sea la postergada. El problema es que a los TDAH “no les gusta hacer cosas por obligación”. Frase típica: “Yo hago las cosas cuando yo quiero y porque yo quiero”. Una pequeña trampa a esta estructura mental podría ser intentar anular el rótulo de obligatorio a la tarea a realizar. Si a alguien se le ocurre cómo, por favor que lo publique.

La actividad con que se procrastina produce placer, sin duda, pero enfrentarse a la realidad de no realizar o entregar las obligaciones a tiempo puede ser fuente de mucha mayor angustia y afectación de la autoestima. Dada la genialidad propia de los TDAH, muchas veces al final, a avanzadas horas de la madrugada, logran cumplir con la tarea, pero con clara conciencia de que la procrastinarían les quitó una noche de sueño y que el resultado podría haber sido mejor. Esto es típico de los estudiantes TDAH que aprenden, la última noche antes del examen, toda la materia que tuvieron un mes para estudiar. Lo genial es que a veces lo logran, pero dado que el sueño es fundamental para la consolidación de la memoria, con el tiempo los conocimientos se esfuman y quedan con la sensación de que la universidad fue sólo un paseo que ningún conocimiento les dejó.

Sin duda ésta es una mala época para los TDAH. Demasiados estímulos externos, mucho años de estudio frente a un escritorio, escasa disciplina, decenas de cuentas y compromisos que cumplir. Es necesario generarse un ambiente propicio de trabajo. No tenga su libro favorito, un televisor, el celular o el Messenger abierto sobre su mesa de trabajo. Genere un espacio que invite a trabajar. Si no, le puede ocurrir como a Leonardo da Vinci, con cientos de ideas geniales que quedaron a medio terminar.

Cuéntele su problema a un buen colega o amigo, los TDAH suelen tener bastantes, y pídale que le ayude a insistirle en esa cosa que siempre está postergando. Si encuentra otro TDAH que tenga el mismo problema, la ayuda puede ser mutua. En la infancia cumplía ese rol nuestra madre o abuela (seres actualmente en extinción) con frases como “primero el deber y luego el placer” o “primero la obligación y después la devoción”. Probablemente procrastinar sea lo natural y no hacerlo un hábito que se adquiere con la educación y que es fácil de perder. La única forma de generar nuevos hábitos es practicándolos.

Es posible que la imaginería también pueda favorecer algunas vías neurales.

Cuando tenga un tiempo de relajación, escasos en el TDAH, genere su imagen mental de un tipo activo y ejecutivo. Imagínese a Ud. mismo como quiere ser. Es una forma de autohipnosis.

Fraccione las grandes tareas en tareas más pequeñas. Es más atractivo pensar en sentarse a escribir el título de la tesis, que la tesis completa. Una vez sentado puede ocurrir que con la inspiración del título, el resto comience a salir como por arte de magia.

Finalmente, puede ofrecerse un premio de fin de tarea, pero deberá ser lo  suficientemente honesto para no tomarlo antes

Baja autoestima: “Estoy seguro que soy genial pero ……no sirvo para nada”

No conozco algún estudio que muestre que los TDAH tengan menor capacidad intelectual que el resto de la población. Incluso algunos han mostrado que pudieran ser más creativos. Sin embargo, su rendimiento laboral o académico, claramente está por debajo que lo que correspondería a su nivel de abstracción. Esto se explica por la disfunción ejecutiva, propia del mal funcionamiento de los lóbulos frontales. Cualquier tarea que requiera ser planificada y ejecutada en un secuencia de pasos se torna más difícil.

“He intentado organizar mis días para evitar la dispersión. Con lápiz y papel lo logro perfectamente, pero cuando llega la hora de ponerlo en práctica, entonces aparecen los problemas”. importante estado de frustración e incluso a estados depresivos.

La incapacidad para alcanzar las metas puede llevar a un Idealismo, Impulsividad, Irritabilidad explosiva, Ineficiencia, Mala memoria, Intolerancia a la frustración, Hiperactividad motora, Distractibilidad, Sensibilidad emocional,

Hiperconcentración, Compulsiones, Dificultad para empezar, Dificultad para terminar, Dificultad para flexibilizar, Dificultad para priorizar-tendencia a la dispersión, Tendencia a la automedicación y abuso de substancias, Verborrea e ideofugalidad.

Niños condenados a ser perfectos

Crece la medicación contra el trastorno de la hiperactividad, pero también la polémica.

 

El niño se levanta del pupitre sin que venga a cuento. El profesor le dice que se siente y poco después lo encuentra otra vez de pie y enredando. Lo mira: el maestro ha vivido esta escena cientos de veces. Los niños cambian, pero los hechos se repiten. “Fuera de clase”, se ordenaba al niño díscolo hace 15 años. “Pablo, ¿te has tomado hoy la pastilla?”, se pregunta ahora a este tipo de niños.

Son niños hiperactivos. Sólo el 15% de los que padecen este trastorno están diagnosticados. Pero no todos los niños que se mueven mucho lo son. Mientras unos especialistas recomiendan que se les medique, otros aseguran que a menudo la solución está en la familia, en cambiar costumbres. En el otro lado están los padres, temen el efecto rebote del tratamiento o que se habitúen a él.

Hace unas décadas, el chico movido acumulaba oportunidades para visitar pasillos y patios en horas de clase. Ahora, si está diagnosticado como inatento o hiperactivo, no es un secreto que suele ser un niño medicado. Si el neurólogo le ha recetado una pastilla que se libera de forma retardada (normalmente Concerta), la tragará con el desayuno y le acompañará mañana y tarde. Si el médico fracciona la dosis en varias tomas y receta Rubifén (otra marca, con el mismo principio, metilfenidato), el pequeño ingerirá la primera pastilla en casa y la segunda con las lentejas del colegio. Los profesores lo saben y custodian el medicamento con idéntica diligencia que el jarabe para la tos.

“El trastorno de hiperactividad (TDAH), solo o combinado con déficit de atención, se conoce ahora mejor y está cada vez más presente en la consulta. Pero se ha banalizado”, afirma Alberto Fernández-Jaén, neuropediatra de la clínica La Zarzuela, en Madrid. Lo paradójico es que asegura que esa trivialización convive con “un infradiagnóstico brutal. Sólo el 15% de los que lo padecen están diagnosticados”, sostiene. Todavía el diagnóstico se hace tarde, al final de educación primaria o en la explosión de la adolescencia, cuando el fracaso escolar ha hecho su aparición y la autoestima se tambalea. El TDAH es lo que hace años se denominaba disfunción cerebral mínima y afecta a cerca del 6% de la población infantil (los adultos también lo sufren, pero no lo manifiestan de un modo tan evidente). Hace unas décadas, los casos leves sólo merecían la etiqueta de traviesos, buscapleitos o torpes. Hoy se ha convertido en un problema prevalente en las consultas de neurología infantil. En algunos casos el niño lo pasa mal en el colegio, tanto en el aula como con sus compañeros, y se ve estigmatizado. “Ahora tenemos un arsenal mayor y podemos hacer trajes a medida del pequeño”, afirma Fernández-Jaén.

No todo niño movido sufre hiperactividad. Hay niños considerados vagos y metepatas que sí lo son sin saberlo. Al igual que hay chavales diagnosticados que no siempre reciben medicación. Sus padres se resisten a darles la pastilla. O bien, se la dan los días que hay colegio y la eliminan o reducen la dosis en vacaciones y en fin de semana.

Fernández-Jaén reconoce que el diagnóstico requiere una labor de interpretación. “No hay que precipitarse. Pero si la medicación ayuda al pequeño a estar mejor en su entorno escolar y social no hay discusión. Los niños no tienen por qué ser valientes Rambos y superar sus problemas solos”. Piensa, además, que el tratamiento farmacológico no tiene por qué ser eterno: “Tras dos o tres años, el 80% acaba compensando el trastorno y deja de precisar la medicación”.

Trinidad Bonet, psicóloga especializada en técnicas cognitivo-conductistas, afirma que “la medicación está más que justificada, dependiendo de la intensidad de los síntomas, si estamos ante un TDAH. Este trastorno tiene múltiples causas orgánicas y sería muy difícil conseguir verdaderos cambios en el funcionamiento cerebral sin la medicación”, explica. Admite, sin embargo, que el uso de fármacos “pudiera ser no tan imprescindible” si la sintomatología es leve o si se trata de niños mayores “muy motivados para aprender estrategias personales que mitiguen el déficit de atención”.

La medicación empleada para el TDAH no tiene como misión relajar a estos niños, sino ayudarles a centrar su atención y a controlar su impulsividad. El metilfenidato (un derivado anfetamínico) incrementa la disponibilidad de la dopamina, un neurotransmisor relacionado con la concentración y el aprendizaje. Se piensa, además, que los psicoestimulantes actúan de un modo distinto en los hiperactivos y no potencian en ellos la excitabilidad, sino la concentración. En este sentido, las bebidas de cola y el café, sin excesos, se consideran ocasionales ayudas.

La medicación, por sí sola, no basta: “Debe completarse con un tratamiento psicológico basado en técnicas cognitivo-conductuales, que incluye pautas a padres y a colegios para facilitar el aprendizaje de autocontrol que necesitan estos niños”, añade Bonet. Los padres deben convertirse en expertos en el tema y aprender estrategias para reducir la impulsividad y ayudarles a aumentar la atención. Podría decirse que “los fármacos serían el abono, y la intervención psicopedagógica, la labor de siembra”.

La teoría es ésa, pero hay padres que se atormentan y dudan si sus hijos serán de verdad hiperactivos. Temen, además, que la medicación genere adicción y recelan de que sus hijos se acostumbren a apoyarse en muletas químicas desde edades tan tiernas. Bonet admite que hay que analizar si esa sintomatología precisa medicación.

“Tenemos que tener cuidado y no empezar a medicar a los niños, como quizá se hace con los adultos… Ahora ya nadie aguanta nada, nadie quiere sufrir ni encontrarse mal, siempre hay que estar contento y sin preocupaciones”, enumera. “Al igual que nuestro cuerpo nos dice a veces que algo va mal y que hay que cambiar algunas cosas, con los niños ocurre lo mismo: hay que preguntarse si el clima familiar incide en que no duerma, se enfade y pierda el control. A menudo, hay que cambiar costumbres en vez de escudarnos en una medicación para que no nos dé la lata”. Bonet, no obstante, concluye: “Me da la impresión de que a los niños, todavía, no se les medica a la ligera”.

El fenómeno, sin embargo, va a más. “Hay un auge de este tipo de problemas en las consultas”, admite la neuropediatra Ana Camacho, miembro de la Sociedad española de Neurología, que ve a diario a decenas de niños en un hospital madrileño. Con frecuencia, estos pequeños pacientes han pasado ya por las manos de un psicólogo. Los neurólogos no son especialistas en conductas, sino en disfunciones cerebrales. Pero al neuropediatra le llega esta descripción del niño que tiene delante: “No sigue las normas, no se centra, no acata la disciplina en casa y en el colegio, no va al ritmo de sus compañeros, se pelea con ellos…”.

“En la mitad de las consultas” señala Camacho, “se ve que el problema es sociofamiliar o educativo: el niño no tiene o no sigue pautas de conducta”. En todo caso, el especialista suele hacer un seguimiento del problema para ver “si ese trastorno se prolonga en el tiempo y no está motivado por una circunstancia concreta”. Es entonces cuando se plantea si puede haber déficit de atención con o sin hiperactividad. El diagnóstico requiere rigor y finura porque no existe una evidencia física como en otras enfermedades. “El debate sobre si hay que medicarlos viene de Estados Unidos, el país que, paradójicamente, se encuentra a la cabeza de la investigación”, admite Camacho.

“Se trata de fármacos eficaces, hay estudios contrastados y se aplican desde hace cincuenta años” agrega. En las farmacias españolas se encuentra desde hace meses una nueva presentación de metilfenidato, con el nombre de Medikinet. “Como alternativa al metilfenidato disponemos de otro principio activo, la atomoxetina (comercializado como Strattera) que no pertenece a la familia de los psicoestimulantes”, añade la neuróloga. Lo curioso es que este fármaco no está subvencionado por la Seguridad Social, algo que las asociaciones de padres de niños TDAH no entienden.

Algunos padres se mueven todavía en la cuerda floja al abordar este trastorno cada vez más visible en los colegios. El dilema sobre la medicación no se da ante enfermedades consideradas graves y más clásicas, como la epilepsia, en la que el niño tiene que estar de por vida acompañado de fármacos. O la esquizofrenia y otras psicosis. E incluso en trastornos de ansiedad en que la medicación es necesaria por un periodo determinado. Por el contrario, el rechazo de algunos padres a medicar a los niños por TDAH se debe a que consideran que la gravedad es mucho menor, y que los fármacos prescritos son, a menudo (no siempre), psicoestimulantes. Un recelo que los médicos también han detectado en los padres a la hora de medicar a niños con antidepresivos, en este caso por temor a que se habitúen.

“Otro motivo frecuente de consulta en niños es el dolor de cabeza”, indica la doctora Camacho. Si es episódico se prescribe un analgésico. O a partir de cierta edad antiinflamatorios. “Pero no es el boom del TDAH, desde luego”.

¿Serán más proclives a las adicciones los niños hiperactivos? De nuevo, surge la controversia. Mientras que hay padres que temen el efecto rebote del tratamiento o la habituación a la dosis inicial, algunos expertos aseguran que justamente la medicación previene posibles adicciones en la adolescencia y actitudes pendencieras, al ayudar al controlar la impulsividad. Lo que sí parece es que no todo está dicho sobre el TDAH y que algunas de sus señas de identidad se desmoronan o se encuentran en revisión. Una de ellas es la mayor prevalencia del trastorno en niños que en niñas. “Los primeros estudios de autores norteamericanos recogían esta diferencia porque, al evaluar la conducta, ponían el acento en el niño que molesta o es agresivo, mientras que los síntomas de las niñas, generalmente más contenidas, pasaban inadvertidos”, argumenta Esther Cardo Jalón, neuropediatra del hospital mallorquín Son Llatzer y profesora asociada de Psicología y Fisioterapia en la universidad balear. Cardo ha demostrado que las diferencias entre niños y niñas son imperceptibles.

Esta neuróloga opina que, con estrategias educativas y psicológicas, muchos niños pueden mejorar. “La medicación debe ser lo último, y tras una buena evaluación”. Escéptica, piensa que “la medicación tiene un espacio, pero su acción es limitada”. Cardo acusa cierta presión de las empresas farmacéuticas para colocar sus fármacos. Pero “si todo se basa en la pastilla, pueden ir de una otra sin resolver el problema de fondo”, continúa. La neuropediatra advierte, además, que “la sobreactividad motora está presente en casi todos los trastornos psicopatológicos infantiles… Incluso en la depresión pueden darse niveles de irritabilidad y agresión no tan comunes en adultos”.

Muchos fármacos de uso habitual, para tratar por ejemplo el asma (Ventolín) tienen como efectos secundarios sobreactividad motora y a veces pueden confundirse con trastornos del comportamiento (TND) y niveles cognitivos bajos. Por otra parte, un niño con un cociente intelectual bajo, si se enfrenta a una exigencia escolar y educativa por encima de sus posibilidades, puede manifestarse inquieto en el aula porque se aburre y no es capaz de seguir el ritmo.

Cardo recuerda que, en principio, “un niño que no es TDAH medicado con psicoestimulantes, a dosis adecuadas, no va a tener efectos secundarios importantes… Pero éticamente no se puede ni se debe recetar un medicamento innecesario. Sería algo así como administrar determinados antibióticos a un paciente sano que sólo tiene una infección de tipo viral (o que no tiene la bacteria que se pretende combatir): no tendría ningún sentido”.

Los niños inatentos, e hiperactivos o no, no son los únicos candidatos a estar sobremedicados. Empieza a haber padres que piden ayuda en la farmacia para acabar con berrinches o ayudar a sus hijos a dormir. “Dame algo, que el niño no duerme”, escucha de vez en cuando el farmacéutico tras el mostrador. Sin embargo, poco puede hacer este profesional. Los somníferos están destinados a la población adulta.

A raíz del caso Madeleine, la prensa inglesa reabrió el debate sobre la práctica de sedar a los niños en el avión. Cardo rechaza que esto sea real. “No es normal habituar a psicofármacos a los niños para que los padres estén más cómodos. Muchos niños vuelan a diario y no necesitan ningún tipo de tranquilizante”.

INMACULADA DE LA FUENTE 08/01/2008

ElPais.com

TDAH: Traviesos de base empírica

El encuentro organizado por el C.A.I.T. Ángel de la Guarda congregó a profesionales multidisciplinares que desentrañaron algunas claves para la comprensión del Trastorno por Déficit de Atención Infantil

Julio Sampalo / San Fernando | Actualizado 15.11.2010 – 09:58

  • Diario de Cádiz
  • Traviesos, maleducados, estudiantes mediocres o despistados. Radiografías presentes en más de una familia. Retratos de menudo tamaño, intermitentes, que pueden traer de cabeza a padres, hermanos, profesores, o compañeros de aula. Fotografías, no obstante, escasamente nítidas sobre lo que se intuye como posible síntoma de una imagen más profunda: el déficit de atención infantil, con o sin hiperactividad.

    Del porqué de la cuestión se ha hablado los días 12 y 13 de noviembre, durante las primeras Jornadas de Atención Temprana, organizadas en el Centro de Congresos y Exposiciones por el Centro de Atención Infantil Temprana (C.A.I.T.) Ángel de la Guarda, tituladas Trastorno por déficit de atención con y sin hiperactividad: Actualidad en tratamiento, implicaciones e intervención.

    En Europa, por cada 10 niños, 4 o 5 sufren trastornos psicológicos. Un dato que revela al TDAH (Trastorno por Déficit de Atención) como “uno de los primeros trastornos de muchos otros”, en opinión de Inmaculada Moreno, especialista en psicología clínica y que trató la Situación actual de los tratamientos psicológicos aplicados a niños con TDAH.

    La profesora Moreno tomó como una de las bases de su disertación el International Consensus Statement on ADHD, documento firmado en 2002 por más de 80 científicos, a pesar de ser un trastorno -terminología ya denostada, según la ponente- identificado hace más de un siglo. En dicho documento se sentaron las bases del TDAH como déficit de atención real, ante el cuestionamiento incluso de su existencia.

    Moreno ofreció tres claves: hiperactividad, impulsividad y déficit de atención, y una manera eficiente en el proceder: psicología basada en la evidencia empírica, como punto de partida para un posible tratamiento farmacológico. A continuación, diferentes niveles de evidencia marcan la pauta de los tratamientos para el TDAH donde confluyen autoverbalización, neurofeedfack (destacada alternativa terapéutica), técnicas de manejo de contingencias ambientales, medicación o entrenamiento y formación de padres y profesores. La resolución satisfactoria requiere del trabajo conjunto e interdisciplinar de varios colaboradores.

    Inmaculada Moreno aclaró además que hay padres que no poseen habilidades en el tratamiento conductual de sus hijos -de ahí la importancia del trabajo en grupo- y explicó la diferencia entre las Escuelas de Padres, en las que éstos son asesorados por profesionales, y los Programas de Entrenamiento para Padres, con protocolos de intervención, ajuste de contenidos y seguimiento.

    Al término de su intervención, la profesora admitió la frustración que supone para los profesionales de la psicología enfrentarse al TDAH por su enorme complejidad. “Hay casos elevados de falsos positivos”, niños sobre los que se sospecha que pueden sufrir trastornos en la atención y que después no son reales. “Cada hiperactivo es distinto”, afirmó.

    Ya en la segunda parte de la primera jornada, el psicólogo José Antonio Lora, en la conferencia Tratamiento e intervención psicológica de niños con TDAH, partió de casos concretos. “Tengo un problema con mi hijo o alumno, es mal compañero, travieso, no hace los deberes, sólo se centra en los que le interesa…”. Todos síntomas que se clasifican erróneamente con la etiqueta de hiperactividad, explicó.

    El fondo es más complejo. Existen subtipos de TDAH y el trastorno “multiplica por dos la prevalencia de otros problemas (de conducta, de aprendizaje, de ansiedad, etc.)”. Lora habló del impacto para las familias y en los centros educativos que abarca muchos tipos de TDAH: “estos niños son valorados como vagos, pero necesitan más atención que sus iguales. Sus desequilibrios pueden generar frustración. Por ellos hay que prestarles más atención cuando rinden adecuadamente, y apartarse un poco cuando van mal porque en ese momento no controlan su impulsividad. No es que el niño no quiera trabajar, es que en ese momento no puede”, relató.

    Entre las variables que determinan el tratamiento a seguir en casos de TDAH se encuentran el principio de individualización -cada caso es distinto-, la edad y el perfil cognitivo, además de la estructura familiar y el ámbito escolar. La pieza donde el puzzle comienza a encajar es la comprensión de la situación del pequeño. Lora concluyó: “No existen las batallas, frente al problema o ganamos o perdemos. Hay que aprender a comprender al niño y no olvidarlo. Si no se entiende esto no se entiende el problema”.

    20/10/2010: TDAH: trastorn d’oportunitats

    La Fina sempre havia pensat que era despistada i desorganitzada i sempre li havia costat més que als altres estudiar. Va arribar a pensar que era tonta. Als 40 anys va saber que tenia el trastorn per dèficit d’atenció, el TDAH, una malaltia neuropsiquiàtrica que s’inicia en la infantesa i sol ser crònica.
    El mateix li passa al Xavier Vela, esportista d’elit i hiperactiu. Tant en el seu cas com en el de la Fina, la medicació ha estat la clau per poder fer una vida normal.

    “Quèquicom” segueix aquestes dues històries amb el Josep Antoni Ramos-Quiroga, coordinador del Programa Integral de Dèficit d’Atenció de la Vall d’Hebron, que diu que les persones que no s’arriben a tractar “perden oportunitats en la vida”. Al cervell de les persones amb TDAH, hi falten una sèrie de neurotransmissors, de missatgers, que fan que les ordres no arribin bé. Això fa que, sense adonar-se’n, no arribin als objectius fixats perquè els costa acabar el que comencen.

    El TDAH és una malaltia poligenètica en què intervenen moltes combinacions de gens i en què no totes les combinacions donen el mateix resultat. La Marta Ribasés, responsable del laboratori de psiquiatria de la Vall d’Hebron, agafa mostres de sang de persones amb el trastorn per trobar-los un medicament a mida.

    http://www.tv3.cat/videos/3152670

    Quequicom TV3

    Escuela flexible para niños diversos

    El TDAH y la dislexia acaparan gran parte del fracaso escolar y los especialistas piden protocolos para que la enseñanza se adapte.
    Aunque desconocen exactamente cuánto fracaso escolar es atribuible a trastornos de aprendizaje que no han sido atendidos adecuadamente en la escuela, un equipo de expertos de Sant Joan de Déu llama la atención sobre esa asociación. Y también sobre lo injusto que es que niños y niñas que se esfuerzan mucho para solventar las dificultades añadidas que tienen por su trastorno no logren una enseñanza que les permita aprender y se vean abocados al fracaso.

    Más tiempo para realizar los exámenes o hacerlos orales, en el caso de disléxicos, sentarlos en primera fila y trocear en tramos más pequeños los exámenes, en el caso de los que tienen déficit de atención (TDA con o sin hiperactividad) son algunas de las recomendaciones básicas que todas las escuelas deberían tener en cuenta para permitir a sus alumnos aprender como los demás. Así lo dicen en el último informe FARO de Sant Joan de Déu y La Caixa, en el que neurólogos y pedagogos han analizado el peso de esos trastornos y los problemas que causa que no se atiendan adecuadamente.

    Si se tiene en cuenta que la prevalencia de la dislexia es de entre el 5 y el 15 por ciento de la población y la del TDA(H) entre el 3 y el 8 por ciento, en cada aula hay dos niños con un trastorno de aprendizaje. “Están perfectamente definidos y no son modas, sino trastornos de origen neurobiológico, a menudo con una base genética, y que interfieren en el aprendizaje”, resume la neuróloga Anna Sans, coordinadora del equipo dedicado a estas dolencias en Sant Joan de Déu y directora de este informe.

    “En los 2.000 casos que han venido a consulta porque había sospecha de trastorno, sólo en el 8% no hemos llegado a nada. No encontramos problema. En el 92% restante, sí. Y de ellos el 70% son dislexias, TDA con y sin hiperactividad y combinaciones de ambos”, resume la especialista. Y la escuela es su primer muro. Sin diagnóstico médico, la situación es peliaguda; sin tratamiento, difícil; pero si en la escuela no se le identifica y se adaptan los métodos, para que puedan aprender con sus diferencias, el riesgo de fracaso es enorme. “Por cada cien niños sin problemas que acaban los estudios obligatorios, con un TDAH sin tratar lo hacen 68; y si el 78% accede a estudios superiores, con TDAH, sólo el 21%”.

    Lo que piden los autores del informe es que se establezcan protocolos para admitir estos trastornos en la escuela y para que todos sepan cómo actuar a su favor. Esos protocolos no existen de momento y la formación del profesorado apenas incluye resolver estas situaciones –estadísticamente, dos en cada aula–. “Ni entre los maestros, salvo los especialistas en educación especial, ni aún menos entre los de secundaria, aunque ahora mejora un poco con el nuevo máster que suple al antiguo curso de capacitación pedagógica”, resume Enric Roca, profesor de Ciencias de la Educación en la UAB y coautor del informe.

    Visto desde las propias escuelas, para ser eficaces necesitarían no sólo protocolos de actuación y más formación de los profesores, sino también una participación más activa y coordinada de los equipos de atención pedagógica y demás servicios que teóricamente trabajan para las escuelas y los alumnos. “Y priorizar los contenidos que se quieren enseñar, y la colaboración real de las familias”, concluye Jordi Cardona, director de la escuela Garbí de Esplugues de Llobregat y también participante en el informe.

    ANA MACPHERSON | Barcelona | 15/09/2010 (La Vanguardia)

    Los expertos aconsejan a los profesores que aparten de las ventanas a los hiperactivos

    Entre un 4 y un 8 por ciento de los escolares
    sufren este síndrome
    de déficit de atención

    Levante-EMV.com » Comunitat Valenciana
    No situar a los alumnos hiperactivos -entre el 4 y el 8 por ciento de la población escolar valenciana- cerca de las ventanas, tener la oportunidad de ponerse en pie con tareas como reparto de folios, o que puedan hacer exámenes orales son algunos de los consejos prácticos que imparte el sindicato CSIF en su curso a distancia para profesores, al que se han inscrito unos doscientos.
    El seminario, de cien horas, sobre “El trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad (TDAH). Estrategias para docentes”, enseña a los profesores cómo tratar a alumnos que sufran esta patología, según informó el sindicato en un comunicado.
    El TDAH es una enfermedad de la que no se conocen las causas que la provocan y tiene tres síntomas básicos: hiperactividad, impulsividad y falta de atención. Además, persiste en la vida adulta en un 30-70% de los casos, y sus síntomas también implican dificultades personales, familiares y laborales.
    En el curso, impartido por la experta Llanos de Nalda, se recomienda a los docentes que sienten al alumno hiperactivo cerca del profesor y de la pizarra, lejos de las ventanas que lo puedan distraer, o que asignarle responsabilidades y tareas que le permitan moverse de vez en cuando como repartir folios o fichas, entre otras medidas.
    Además, a la hora de realizar exámenes es conveniente permitir las pruebas orales, dar más tiempo a este tipo de alumnos, o dosificar las preguntas en folios, por ejemplo, los problemas que se deben de resolver en un examen de Matemáticas, explican.
    CSIF ha concebido este curso como una “ayuda para todos los docentes que, día a día se encuentran en las aulas alumnos con TDAH y que son considerados candidatos a realizarles una adaptación curricular ya que el sistema actual poco más hace por ellos” concluyen.

    Investigadores muestran que el trastorno por déficit de atención e hiperactividad se relaciona con adicciones

    El doctor Gonzalo Haro, psiquiatra del Programa de Patología Dual Grave del Hospital Provincial de Castellón, ha publicado en la revista Trastornos Adictivos un estudio que concluye que el déficit de atención e hiperactividad no tratado durante la infancia está relacionado con las adicciones durante la época adulta.

    Europa Press

    El trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) es muy conocido en la infancia y hasta hace unas décadas se creía que disminuía en la adolescencia hasta desaparecer en la vida adulta.

    No obstante, a partir de los años noventa se ha encontrado en diferentes estudios que el TDAH persiste en la vida adulta y, de hecho, entre un 3 y 6 por ciento de la población general presenta este trastorno, según informaron fuentes del centro hospitalario a Europa Press.

    Esto supone que entre el 40 y el 79 por ciento de los casos infantiles persisten en la vida adulta, presentando los mismos síntomas centrales que en la infancia: desatención, hiperactividad e impulsividad.

    Al estudiar el TDAH en adultos, se encontró que estaba fuertemente asociado al consumo de alcohol y drogas. Así, entre el 17 y el 45 por ciento de los adultos con TDAH presentan abuso o dependencia de alcohol, y entre el 9 y el 30 por ciento, abuso o dependencia de otras sustancias.

    Además, entre el 10 y el 30 por ciento de los adultos con trastorno por uso de sustancias presentaban TDAH de niños y los síntomas del mismo han continuado hasta la vida adulta y el 20 por ciento de los adultos que buscan tratamiento para un trastorno por uso de sustancias presentan TDAH.

    La relación entre el TDAH y los trastornos por uso de sustancias no está aclarada todavía y existen varias hipótesis para explicarla. En su artículo, el doctor Haro propone la hipótesis de la automedicación.

    El TDAH se medica con fármacos psicoestimulantes y los sujetos con TDAH consumen cocaína u otros estimulantes para automedicarse los síntomas del trastorno que sufren, ya que estos estimulantes ilegales tendrían efectos parecidos a los de las medicaciones usadas para tratar este trastorno.

    Para poner a prueba esta hipótesis, se evaluaron 249 pacientes que acudían buscando tratamiento a una unidad de conductas adictivas, relacionando el posible diagnóstico de TDAH con las sustancias que consumían los sujetos. Si la hipótesis de la automedicación fuera cierta, el TDAH se tendría que haber relacionado más con el consumo de cocaína que con cualquier otra sustancia.

    TESTIMONIO DE UNA ALUMNA CON TDAH

    “Cuatro días antes de las pruebas, un profesor me dijo que suspendería”

    Faltaban cuatro días para los exámenes de selectividad y uno de mis profesores me dijo que no aprobaría. Me pasé el día entero llorando. Llevaba tres años luchando y me sentí muy mal. Se podía haber callado”. Eso fue hace un año. Hoy alba tiene 20 años y está cursando primero de Psicología en Blanquerna-Ramon Llull. Hace mucho que decidió que quería ser psicóloga, ha peleado para llegar a la universidad y seguirá adelante para “ayudar a personas como yo, para que los niños que sufren mi problema no pasen por la misma angustia”.

    A Alba le diagnosticaron TDAH algo tarde, a los 14 años. “Desde hacía tiempo veíamos que algo le pasaba; todo el esfuerzo que hacía en los estudios no le rendía. Era impulsiva, nerviosa, dormía mucho, se despistaba con facilidad. Ella también notaba que le pasaba alguna cosa pero no sabíamos qué”, explica Ana, madre de Alba. En 5 º de ESO un profesor les sugirió hacerse unas pruebas. Y ahí empezó todo. Dos años de reeducación en un centro especializado, y luego en Adana. “Siempre le hemos estado muy encima. Si la hubiéramos dejado no habría llegado donde está. Es muy tenaz y luchadora”, cuenta Ana.

    Alba siempre ha estudiado en centros concertados y su madre ha sido más que una sombra. Sólo ha repetido 1 º de bachillerato. En todos los colegios ha encontrado comprensión e incomprensión. “A muchos profesores les resultaba más cómodo mirar para otro lado. Me he encontrado con personas que me han ayudado mucho y con gente que me ha machacado”.

    Llegó la selectividad y pidió que se tuviera en cuenta su especificidad. Le dieron más tiempo, los tutores que vigilaban las pruebas “estuvieron pendientes y me sentí muy acompañada”, rememora. El problema llegó a la hora de la corrección. “Aunque insistimos mucho, no tuvieron en cuenta mi trastorno”. Le faltaron dos décimas para superar las PAU y tras mucho papeleo, insistencia y recursos, logró el aprobado. Hoy está “feliz” en la universidad, le va muy bien y tiene la autoestima por las nubes. “El esfuerzo ha merecido la pena”, dicen Alba y Ana.

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